Mi primer recuerdo literario “serio” es Las Ratas de Miguel Delibes, al cual siguieron otros como La Sombra del Ciprés es Alargada, El Camino, La Hoja Roja, El Disputado Voto del Señor Cayo, Los Santos Inocentes y Mi Idolatrado Hijo Sisí, entre muchos más. Así, Delibes se convirtió en su día en ese autor en el que la gente a tu alrededor piensa a la hora de hacerte algún regalo sencillo.
Hace ya probablemente poco más de diez años que no lo había leído, y esta mañana, al oir por las noticias de su fallecimiento, sentí una pequeña punzada de tristeza por una persona a la que nunca conocí pero que al mismo tiempo me era muy familiar, que me contó historias de un mundo lejano y cercano a la vez, un mundo que nunca conocí de primera mano pero del que de alguna manera o de otra formé parte de la mano de un autor tan magistral como humilde. Con el tiempo, otros autores llenaron mi tiempo, y Delibes quedó en el recuerdo del olvido. Nunca pude llegar muy lejos con El Hereje, pero estoy seguro de que algunos de esos recuerdos volverán al presente cuando los encuentre y los desempolve.

